La Catrina muy curiosa, salió en moto aquel día, pues vio a Sergio y a Diana rodando con alegría. Que si piloto y copiloto, que si rutas por trazar, iban por Pueblos Mágicos sin dejar de acelerar. La huesuda los miraba, con su casco bien ajustado, quería unirse a la vuelta del programa tan nombrado: “Rodando Rutas Mágicas”, reto digno del panteón, con sellos, fotos y encanto en cada nueva posición. Pero Sergio aceleraba y Diana iba sonriendo, la flaca atrás gritaba: “¡esperen, que me estoy muriendo!” aunque ya estaba bien muerta, pero eso ni le importó, quería viajar en pareja como el dúo que encontró. Al final la calaquita se resignó en un rincón, pues a esos dos motociclistas no los alcanza ni Dios. Y cuentan que hasta la fecha, la muerte sigue frustrada, porque Sergio y su Diana andan ruta tras rodada, sumando pueblos mágicos en cada nueva salida… ¡tanto ruedan en su moto que hasta la muerte los cuida!





