Dos bikers bien equipados, en moto adventure poderosa, rodaban rumbo a la muerte sin saberla tan curiosa. La Catrina, muy curiosa, los siguió con gran sigilo, quería llevarlos al baile con su casco color filo. Llegaron primero a Xico, entre neblina y cascadas, y la parca les decía: “¡Vengan, no teman a nada!” Luego rodaron Coatepec, con aroma a buen café, pero la flaca insistía: “¡Dejen ya ese RCP!” En Orizaba la montaña retumbó con su motor, la huesuda gritó fuerte: “¡Ese ruido es puro amor!” Atlixco los vio pasar, entre flores y color, la calaca les ofrecía una corona sin flor. Tlaquepaque fue el final, arte, fiesta y tradición, los bikers aceleraron con rumbo al corazón. La parca quedó cansada, no los pudo alcanzar: quien vive sobre dos ruedas ya aprendió a inmortalizar.





