La Muerte salió de paseo rumbo a Puebla sin dudarlo, quería conocer cada pueblo encantado y terminó siguiendo a Irene en su rodado. Con espíritu libre y rumbo ligero, Irene rodaba de pueblo en trayecto viajero, la flaca miró con gran admiración esa pasión por ruta y tradición. “Qué bonito es viajar así, con alma libre y ganas de vivir” pensó la huesuda muy convencida, y la dejó seguir celebrando la vida. Porque entre Puebla y cada pueblo querido, Irene rueda feliz, sin miedo ni ruido, demostrando que en moto y con corazón, las rutas mágicas son pura emoción.





