Con su vegetación exuberante, su olor a flores, su ex convento agustino y su adoratorio mexica en lo alto del cerro, Malinalco se ha convertido en una escapada perfecta en el centro del país. Y, desde luego, a este pequeño pueblo de fuerte sabor indígena no le faltan restaurantes de autor, spas, pequeños hoteles de lujo, un campo de golf y varios museos.





